¿Cómo asegurar la supervivencia empresarial?

 

El concepto de gobierno corporativo no es nuevo para las empresas. Sin embargo, el ritmo acelerado al que evolucionan los mercados y la tecnología, suponen nuevos riesgos que demandan mayores esfuerzos de parte de la compañía por garantizar que sus procesos se dan de la manera correcta. Nancy Yong, socia de Risk, Governance & Compliance de PwC Perú, nos explica los principales retos que enfrentan las empresas al momento de implementar estos planes y la mejor forma de afrontarlos.

¿Cuáles son los principales aspectos que deben considerar las empresas en cuanto a gobierno corporativo?

Existe una brecha importante entre lo que las empresas saben y lo que hacen. Por un lado, las altas gerencias saben que se necesita un adecuado gobierno corporativo, que vaya de la mano con el modelo y estrategia de negocio y que guíe el accionar de la compañía. Sin embargo, por otro lado, tener este conocimiento no necesariamente se refleja en un buen gobierno corporativo.

Para cambiar esta situación, lo más importante es fortalecer el camino hacia la profesionalización de los negocios y la forma de lograrlo es definiendo un modelo de gobierno corporativo adecuado, que permita que las interacciones con los distintos stakeholders estén debidamente reguladas.

¿Cuáles son los principales riesgos que enfrentan las empresas al no hacerlo?

Los riesgos son grandes y van desde el daño reputacional, hasta ser hallado responsable en algún acto delictivo. Pensemos en una empresa que contrata a un proveedor para cubrir una necesidad. Al momento de elegir con quién trabajar, toda organización debe hacer una debida diligencia para saber quién es la persona –natural y jurídica- con la que se está haciendo negocios. Quizás el proveedor pase una primera revisión, pero si miramos detenidamente, podríamos encontrar que este, a su vez, terceriza algunas funciones, y que una de las empresas con las que trabaja puede ser responsable de un acto ilícito: tala o minería ilegal, evasión de impuestos, etc.  En estos casos podemos ver cómo no basta con contar con un código de ética o un plan de gobierno corporativo: si no se lleva a cabo la debida diligencia y se encuentran herramientas para proteger a la organización, estos eventos podrían causar daños significativos.

¿Cómo proteger a la organización en un ambiente de constante cambio?

Existen tres líneas de defensa que permiten que las organizaciones tengan una efectiva gestión de riesgos. En la primera línea tenemos a la plana gerencial y las distintas medidas de control interno. En la segunda los controles financieros, la seguridad, la gestión de riesgos, las inspecciones y el área encargada de cumplimiento. En la tercera encontramos a los auditores internos. ¿Por qué es importante esta distinción de funciones? Porque muchas veces se confunde la función del oficial de cumplimiento, ya que se espera que sea este quien verifique que todo se está llevando a cabo de la manera correcta. Sin embargo, los responsables de que las normas se respeten y que se cumpla el código de ética son los propios gerentes, ya que son ellos quienes conocen a detalle sus procedimientos e identifican los riesgos que estos conllevan. Si no se tiene claro quién es responsable se corre el riesgo de caer en un limbo en el que todos esperan que alguien más se haga cargo y donde finalmente nadie logra nada concreto.

Otra forma de protegerse es mantener informados a los trabajadores sobre los riesgos y el código de ética de la compañía. Las capacitaciones y los compromisos permiten que, de ocurrir un acto de corrupción, la empresa pueda probarle a la autoridad que hizo todo dentro de su alcance por evitarlo.

La normativa ha cambiado en los últimos meses, ¿qué significa esto para las empresas?

Lo que el Estado busca con esto son dos cosas. Por un lado, las normas sirven para aclarar hasta qué punto son responsables las personas jurídicas y naturales ante actos de corrupción, lavado de activos o financiamiento del terrorismo; y, por otro, contribuyen a la lucha anticorrupción y al cumplimiento de los estándares necesarios para ser parte de la OCDE.

Algunos empresarios ven estas normas como un obstáculo. No obstante, son una excelente oportunidad para demostrar que se tiene establecido un adecuado modelo de gobierno corporativo que se adapta a sus circunstancias, ya que los grupos de interés están cada vez más expuestos, ya sean los accionistas, directores, gerentes, clientes, colaboradores o proveedores. Evaluar el relacionamiento con cada uno de ellos permitirá considerar el nivel de exposición y definir las rutas de acción claramente. No hay que perder de perspectiva que la principal obligación es proteger los intereses organizacionales de manera sostenible en el tiempo y esta es la única manera de hacerlo.

Alexander Graham Bell decía que “la única diferencia entre el éxito y el fracaso es la capacidad de actuar.” En este caso, la capacidad de actuar se vincula con la flexibilidad de adaptarse rápidamente a los cambios que el mercado nos impone.

 

Acerca del autor

Nancy Yong

Socia de la línea de Advisory del área de Risk Consulting / Governance Risk and Compliance en PwC. Experta en riesgos con más de 31 años de experiencia en auditoría (externa e interna), servicios de Consultoría de Negocios a empresas de diversos sectores, básicamente en lo relacionado con aspectos de Gestión Integral de Riesgos y Controles, Cumplimiento Normativo y de Tecnología de la Información; así como adecuación a los marcos de referencia de Control Interno y Gestión Integral de Riesgos COSO y ERM, respectivamente; y la Ley Sarbanes-Oxley y FCPA, entre otros.

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