¿Cómo hacer que el “efecto rebote” de un nuevo director sea beneficioso?

Cuando el rendimiento de una organización empieza a decaer, hay que cambiar al menos uno de estos tres elementos: estrategia, cultura y talento. En el fútbol, el método más utilizado para cortar una racha de malos resultados es un cambio en la dirección técnica. Se espera que nombrar a un nuevo entrenador refuerce la estrategia del equipo, mejore la cultura y motive al talento. Una gran exigencia para una sola persona.

En la actual temporada de la Premier League inglesa, que comenzó en agosto de 2021, nueve de los entrenadores en una liga de 20 equipos ya habían sido reemplazados en marzo de 2022, lo que supone una rotación cercana al 50%. Solo en octubre se fueron cinco. Este patrón de despidos y contrataciones persiste, a pesar de que las investigaciones sugieren que solo hay un breve «efecto rebote” del nuevo técnico antes de que los resultados vuelvan a ser lo que habían sido.

Los malos resultados pueden deberse a la mala suerte, a un calendario duro, a más lesiones de las habituales o a otros factores que escapan al control del entrenador. Entonces, ¿por qué los dueños de los equipos siguen esta tendencia? Algunos de los recién llegados pueden cambiar la estrategia para mejor a largo plazo; otros pueden mejorar la cultura. Si cuentan con el presupuesto adecuado, los entrenadores entrantes también suelen tener en cuenta el talento que le falta al equipo. Rara vez una persona puede hacer las tres cosas.

Presentamos algunas lecciones sobre la sucesión de directores técnicos de la Premier League que también pueden aplicarse a la dirección de la empresa:

Estrategia de ataque

El cambio más destacado en esta temporada fue el del Manchester United. En noviembre de 2021, sustituyó a la leyenda del equipo Ole Gunnar Solskjær, que había levantado 12 trofeos como jugador, por Ralf Rangnick, que nunca había jugado en un equipo de primera división, pero que había tenido éxito dirigiendo equipos importantes en Alemania.

Solskjær fue contratado originalmente para recuperar un “ambiente de bienestar» que se había perdido bajo el mando de su predecesor, José Mourinho. Solskjær, autor de uno de los goles más emblemáticos del Manchester United, que le dio la victoria en el último minuto de la final de la Champions League 1999, ofrecía un vínculo con los éxitos del pasado. Sin embargo, ese nexo se convirtió en un arma de doble filo, ya que también recordó lo lejos que estaba la generación actual de esa gloria. El United bajo Solskjær no logró desarrollar un fuerte sentido táctico y los jugadores, aunque hábiles, no mejoraban. La falta de cohesión del equipo hizo que fuera eliminado en competencias locales y que se ubicara en el séptimo puesto de la Premier League. Tras una racha de malos resultados, Solskjær quedó fuera.

Rangnick es un entrenador que entiende cómo juegan los rivales y cómo crear una estrategia para contrarrestarlos. Exige mucho a sus jugadores, lo que hace que estén más en forma. Con ese enfoque llevó al Hoffenheim de la tercera división a la Bundesliga, y al RB Leipzig de la cuarta división alemana a una semifinal de la Liga de Campeones.

¿El resultado en el Manchester United? Lo de siempre: éxito inicial y luego regresión a la media, pero en este caso con un giro. Rangnick ha estabilizado el equipo, y aunque está demasiado lejos de los líderes del torneo, sigue con chances (aunque mínimas) de clasificarse a la próxima edición de la Champions League. En ese sentido, el United probablemente haya hecho un buen cambio. Han contratado a un entrenador que también es un director deportivo de talla mundial, capaz de detectar y reclutar a los mejores jugadores. Sin embargo, sigue siendo un entrenador «interino», lo que demuestra lo volátil que puede ser la gestión del fútbol de nivel mundial.

Cambio de cultura

El significado de la cultura organizativa puede depender de con quién se hable. Owen Eastwood, autor de Belonging: The Ancient Code of Togetherness, describe la cultura como «el entorno en el que nos encontramos en un momento dado y cómo nos hace sentir. ¿Nos da confianza? ¿Nos da sentido de pertenencia?

Desde que ganó la Copa del Mundo de 1966, la selección de Inglaterra había rendido por debajo de sus posibilidades y su relación con el público estaba en su punto más bajo cuando Gareth Southgate fue nombrado seleccionador en 2016. Desde entonces, Southgate ha ayudado a que el equipo vuelva a conectar con sus aficionados, dando a sus jugadores la plataforma y la seguridad psicológica para hablar abiertamente de los temas que les preocupan: racismo, salud mental, incluso política y justicia social. Eso parece haber ayudado también a las actuaciones sobre el terreno de juego. Tras décadas de malos resultados, la selección inglesa llegó a la semifinal del Mundial 2018 en Rusia y a la final de la Eurocopa 2021.

El entorno puede afectar al rendimiento y si la estructura de liderazgo es defectuosa, caótica o se desconfía de ella, un mal ambiente puede conducir rápidamente a un rendimiento inferior. Eso era lo que ocurría en el Tottenham Hotspur al inicio de esta temporada. Nuno Espírito Santo solo duró 17 partidos al frente del equipo londinense. Ahora es dirigido por Antonio Conte, que ha ganado la Premier League con el Chelsea y la Serie A italiana con la Juventus y el Inter.

Aficionados del Tottenham Hotspur han advertido que el mayor reto de Conte es supervisar un cambio en la cultura organizativa. El capitán del equipo, Hugo Lloris, alabó la «cultura ganadora» del técnico, y el delantero Harry Kane afirmó que Conte ya ha cambiado la cultura, alabando su actitud de «hacer todo lo posible para marcar las pequeñas diferencias para ganar partidos».

Cazatalentos

Luego está el talento. En el fútbol, algunos directivos culpan a los jugadores de los malos resultados, otros asumen la responsabilidad y otros, como Steven Gerrard, el nuevo entrenador del Aston Villa, utilizan su propio estatus para generar mejoras. Gerrard fue una leyenda que jugó más de 500 partidos durante 17 años en el Liverpool, levantando cuatro trofeos como capitán del equipo. En enero, los nuevos fichajes del Villa, Philippe Coutinho y Lucas Digne, ambos talentos de talla mundial, citaron la presencia de Gerrard como un factor decisivo a la hora de incorporarse a un equipo relativamente poco moderno, que no gana el torneo local desde 1981.

Tres en uno

El nombramiento de un técnico de ensueño es el que consigue cambiar los tres elementos de una organización en dificultades. Un buen ejemplo es el entrenador del Chelsea, Thomas Tuchel. El alemán, que había demostrado sus credenciales en Borussia Dortmund y en el poderoso París Saint-Germain, llegó a Londres en enero de 2021 y mejoró todos los aspectos del equipo. En seis meses, había convertido al Chelsea en campeón de Europa y, más recientemente, en campeón del Mundial de Clubes de la FIFA.

La perspicacia táctica de Tuchel aporta nuevas soluciones para vencer a los rivales: plantea nuevas formaciones de acuerdo con la disponibilidad de sus jugadores. El estilo de Tuchel consiste en desarrollar una cultura de mejora, innovación y disfrute, partiendo de la teoría de dar responsabilidad a los jugadores. Los mejores jugadores quieren trabajar duro para él.

Para llegar al éxito, ya sea en el fútbol o en los negocios, se requiere trabajo arduo, compromiso del equipo, un poco de suerte, y una combinación de los factores mencionados: estrategia, cultura y talento.

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