Cómo la caída del FC Barcelona deja enseñanzas a las compañías

Si el pico más alto del reinado del Barcelona en el fútbol mundial tuviese fecha, quizá sería el 25 de noviembre de 2012. Esa noche, el Barça venció 4-0 al Levante por La Liga. Cuando Martín Montoya sustituyó al brasileño Dani Alves a los 14 minutos, los 11 jugadores en el campo habían pasado por la cantera del club, La Masia. Incluso el entrenador del Barça, Tito Vilanova, era un egresado de esa academia.

Los clubes de fútbol suelen enorgullecerse por sus programas de promoción para jóvenes talentos, pero este equipo era algo especial. La mayoría habían sido parte del plantel que ganó el Mundial de Sudáfrica 2010 con España. Por otro lado, Lionel Messi ha sido ampliamente reconocido como el mejor futbolista del mundo en las últimas dos década. Barcelona en ese momento dominaba Europa: de 2006 a 2015, ganaría la Champions League, el torneo más importante a nivel de clubes, cuatro veces.

Sin embargo, desde hace ya unos años, el Barça ha sufrido de duras derrotas a manos de los mejores equipos en la competición europea. El pasado agosto, después de acumular una inmensa deuda 1.500 millones de dólares, el Barça se vio obligado a dejar partir gratis a Messi, que se uniría al Paris Saint-Germain. El equipo catalán no podía ofrecerle un nuevo contrato incluso después de que el argentino accediera a reducir su salario a la mitad.

La desgracia de Barcelona ofrece lecciones para las empresas que lideran o aspiran a liderar sus sectores. El club cayó en la trampa válida para todas las empresas que son número uno: se relajó mientras sus rivales copiaban sus mejores ideas y las construían. No logró crear un plan de sucesión sostenible para sus jugadores de edad avanzada y derrochó sus finanzas. Mantuvo su gestión en estrategias pasadas para buscar el éxito, con resultados decepcionantes. El Barcelona no entendió que la grandeza es siempre un objetivo en movimiento, no solo en el campo.

Talento sin gestionar

Más que cualquier otra industria, el deporte profesional gira en torno a la guerra por el talento. La dificultad que enfrentan los equipos para encontrar el talento necesario es algo que la mayoría de las empresas están experimentando en el mercado laboral actual. La forma más barata de encontrarlo es internamente, como hizo el Barcelona en la era Messi. Pero luego el club fue víctima de su propio éxito.

Una vez que el equipo estuvo repleto de jugadores de renombre mundial, hubo poco espacio para que los nuevos talentos completaran su desarrollo. Cuando el volante creativo Thiago Alcántara salió de La Masia en 2010, encontró su camino bloqueado por el mejor centro del campo del mundo: Xavi, Andrés Iniesta y Sergio Busquets. Thiago acabó marchando al Bayern Múnich, y en 2020, protagonizó la demolición del Barcelona por 8-2 contra el Bayern.

El brasileño Neymar sí encontró un lugar en el gran conjunto azulgrana, pero él también vio su desarrollo bloqueado. El aspiraba a algo más que ser la mano derecha de Messi, quería ser Messi: el eje de cada ataque, y ser reconocido como el mejor. En 2017, se fue al Paris Saint-Germain para convertirse en la estrella. Irónicamente, el par volvió a estar junto en el PSG esta temporada.

El Barça cayó en la trampa de la complacencia. Cuando una organización es la número uno, la tentación es dejar de pensar. ¿Por qué innovar cuando ya eres el mejor? Paco Seirul-lo, preparador físico por décadas en el Barça, dijo que el club nunca se había molestado en estudiar a la gran generación de la Masia para entender cómo había surgido.

Mientras tanto, todos los clubes rivales estudiaban al Barcelona. El alemán Hansi Flick fue solo uno de los innumerables entrenadores europeos que visitaron La Masia para descubrir sus secretos. En 2020, Flick entrenó al Bayern de Múnich que aplastó al Barça.

Durante los años de gloria del Barcelona, ​​los entrenadores de La Masia nunca hicieron visitas de estudio al extranjero para ver qué estaban haciendo otros clubes. Viajaron solo para explicar su éxito en conferencias. Con el tiempo, las academias juveniles de los grandes clubes de fútbol europeo se convirtieron en una Masia: una universidad cuyo plan fue ideado por el legendario Johan Cruyff cuando asumió como entrenador del Barça en 1988, quién creían que ganar en el fútbol significaba dominar el juego del pase rápido. Durante años, la geometría en el campo del Barcelona dejó a los oponentes hechizados. Pero una vez que todos los demás se han convertido en La Masia, la original perdió su liderazgo.

“El fútbol es evolución”, resumió Pep Guardiola, entrenador del Barcelona en su mejor momento, de 2008 a 2012. Sobre todo en Europa, donde los mejores equipos se enfrentan siempre, el deporte mejora constantemente. Todos siguieron mejorando, excepto Barcelona. Los que alguna vez fueron innovadores fueron superados, en un proceso que el economista Joseph Schumpeter denominó “destrucción creativa”: llegan nuevos emprendedores con nuevas ideas y los sistemas pioneros de antaño se desechan. Si juegas el fútbol de 2012 en 2021, perderás.

Desorden en las cuentas

Cuando eres el número uno, también tiendes a ser descuidado con los gastos. En 2018, el Barça se convirtió en el primer club de cualquier deporte en recaudar más de mil millones de dólares en ingresos anuales. Y así, cuando Jorge Messi, padre y agente de Lionel, amenazaba con la salida de su hijo a menos que consiguiera otro aumento de sueldo, el club se lo daba. Desde 2017 hasta 2021, Messi ganó más de 555 millones de euros, según su contrato publicado en el diario español El Mundo, el cual no fue desmentido por el club. El presidente del Bayern Múnich, Karl-Heinz Rummenigge, dijo que «tenía que reírse» cuando vio el contrato: «Solo puedo felicitarlo por haber logrado negociar un salario tan astronómico».

El salario de Messi se había triplicado entre 2014 y 2020. Pero para los ojos del barcelonismo, Messi no era el problema, sino el efecto dominó que provocaba en el resto del equipo. Siempre que el argentino recibía un aumento, sus compañeros también lo exigían. Para 2019, el salario promedio del primer equipo en el Barça era de USD 12.2 millones al año, el más alto para cualquier club deportivo en la Tierra.

En cualquier industria donde el foco es el talento, este tiene un poder sustancial frente al empleador. Pero en el Barça, el talento fue tan exitoso, experimentado y bien pagado que su poder era casi absoluto. Quique Setién, entrenador por siete meses en 2020, dijo que siempre fue consciente de que Messi podía hacer que lo despidieran en cualquier momento. Para entonces, los sobrevivientes de la gran generación Masia dirigían el equipo y simplemente no trabajaban lo suficiente. Mientras que otros equipos españoles volaban el día antes para sus partidos de visita para aclimatarse, el Barça normalmente volaba el mismo día del partido, pues así lo decidieron los jugadores, para estar más tiempo en casa.

Luego están las contrataciones de jugadores que no cumplieron lo esperado. El francés Antoine Griezmann, que venía del Atlético de Madrid en 2019, es el caso más reciente. El Barça pagó 120 millones de euros por él, y en agosto de 2021, lo cedió al Atlético gratis, desperdiciando su talento durante dos años en lo que se había convertido en un equipo disfuncional. Jugadores como Iván Rakitic o Luis Suarez salieron de la misma forma, sin dejar dinero en las arcas del club.

Barcelona está ahora en caída libre y, sin embargo, también es un momento extrañamente creativo en el club. La gente de adentro entiende que, habiendo perdido su mayor talento, es hora de empezar a repensar. Es posible que ahora esté regresando algo del espíritu de innovación que una vez hizo de este el club líder en el mundo.

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