#DíaMundialDeLaSaludMental: ¿qué responsabilidad tienen las compañías con sus colaboradores?

 

Al menos en cuanto a discurso se refiere, todos parecemos coincidir en que las personas son valiosas, por el simple hecho de ser humanos. Esta idea, empujada por la espiritualidad, las tradiciones humanistas y los derechos humanos, parte de la premisa de que todos tienen algo valioso que ofrecer al mundo o sociedad. No obstante, en la discusión sobre los niveles de desigualdad de nuestra economía actual –en diversos aspectos- y la necesidad de que las empresas desempeñen un papel más importante para reducir las brechas, es raro escuchar sugerencias tan específicas y poderosas como esta: se debe asumir responsabilidad por el bienestar de los empleados cuyo rendimiento disminuye.

Es probable que no muchos líderes empresariales sigan esta recomendación, ya que contradice un concepto central, típicamente tácito pero implícito en las acciones de cada empresa de alto rendimiento: el valor intrínseco de las personas debe estar vinculado a su productividad, o la empresa no puede sobrevivir.

El dilema que surge entre la visión cultural del valor intrínseco de la persona y la perspectiva empresarial, parte de la necesidad de lograr una ventaja competitiva para sobrevivir y sobresalir en el mercado. ¿Cómo se puede alcanzar este objetivo si no a través del alto rendimiento de los trabajadores? Al fin y al cabo, todos hemos escuchado, más de una vez, la frase “nuestros empleados son nuestro principal activo”.

Replantearse esta visión no implica que una empresa se vuelva laxa y permita la irresponsabilidad y falta de compromiso. Al contrario, se trata de observar el comportamiento de los colaboradores y, en caso este decaiga, no asumir inmediatamente una actitud punitiva sino mostrar interés en la situación de esta persona y ayudarlo a alcanzar el nivel deseado estando bien. Es bastante común que un deterioro de la salud mental no sea evidente inicialmente, ya que es probable que ni siquiera la persona que experimenta la condición esté consciente de ello. Sin embargo, llegados a un punto, el retraso en el desarrollo de algunas tareas, el mostrar desinterés ante un ascenso o la posibilidad de adquirir nuevas habilidades y la falta de atención pueden ser señal de que algo no anda bien; incluso si la persona intenta esconder lo que le está pasando al ser encantador o mostrarse siempre sonriente.

En la mayoría de las sociedades, el valor de un ser humano está relacionado con su capacidad para contribuir: hacer algo valioso, ser reconocido y recompensado por ello. Sin embargo, como ya mencionamos, muchas personas pueden ocultar sus síntomas durante algún tiempo. Es posible que ni siquiera se den cuenta de que está sucediendo. Tampoco pueden hacerlo sus compañeros de trabajo, especialmente en una compañía de alta presión donde las personas están demasiado ocupadas para vigilarse de cerca. No obstante, esto no disminuye la pérdida de dignidad, respeto y validación una vez que las señales empiezan a hacerse claras. De ahí la necesidad de observarnos mejor unos a otros y luchar por generar un ambiente de bienestar, donde todos puedan sentirse incluidos y apoyados para lograr la mejor versión de sí mismos y, a la vez, de la compañía.

Sarah Churchman, directora de Capital Humano-diversidad, inclusión, bienestar y salud mental de PwC, lo expresa de la siguiente manera: “todos tenemos salud mental y es natural que experimentemos momentos en los que no estamos tan bien mentalmente o nos diagnostican una afección específica, al igual que con nuestra salud física. Estamos tomando la iniciativa para que nuestra gente y nuestros clientes sepan que estas conversaciones pueden marcar la diferencia y desestigmatizar las enfermedades mentales en el trabajo.”

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