La disrupción en los servicios tributarios

 

Por Carlos Rodríguez Summers, socio de PwC

Las decisiones empresariales, incluyendo las de índole tributario, responden a una serie de factores tanto internos como externos a una organización. Por un lado, todo lo relacionado a la transformación digital presenta ya un desafío, pues implica repensar procesos y funciones; y, por otro, también se debe considerar la no menos preocupante situación geopolítica. Actualmente, vemos cómo negocios alrededor del mundo deben ajustar sus estrategias ante escenarios como el Brexit, la guerra comercial entre Estados Unidos y China o regímenes que cuestionan el modelo existente.

Si bien hay variables que no podemos controlar, es indudable que estas influyen en el desarrollo de estrategias fiscales y el pago de impuestos, por lo que resulta clave estar preparado, incluso si el escenario final es aún incierto. Por ello, desde la experiencia que hemos desarrollado en PwC al adecuar nuestra función a las nuevas exigencias del entorno, planteamos algunas acciones que facilitan la resiliencia ante eventos imprevistos, pero altamente disruptivos.

El punto de partida para cualquier acción son los datos. La información no se usa ni se presenta de la misma manera cuando los sistemas tributarios cambian. Por ello, el primer gran paso ante un cambio impositivo es evaluar e identificar cualquier déficit de datos. ¿Quién será el responsable de producir y gestionar los nuevos datos que requerirá la Administración Tributaria o, en general, la función fiscal? Responder a esta interrogante implica una colaboración constante y fluida con otras áreas de la compañía, para asegurarnos que los datos necesarios estén siempre disponibles y sean confiables y consistentes.

No obstante, la información solo será confiable en medida que la empresa sea consciente de cuáles son sus puntos sensibles. Todo cambio en el mundo de los negocios tiene un efecto tributario, aun cuando no sea siempre evidente. El impacto de eventos como el Brexit o el enfrentamiento entre Estados Unidos y China es mucho más claro, por ejemplo, que el de la transformación digital; aunque esto no implica que la última no modifique el modo en que realizamos la función fiscal.

Lo aconsejable es hacer una evaluación detallada de las repercusiones que el cambio podría tener (como la exigencia de impuestos adicionales, por ejemplo) y los procesos con los que cuenta la compañía para hacer frente a esta situación. Tener una idea clara de cuán sensible es el modelo de negocio y de cuál es la posición tributaria frente a diversos escenarios puede ser una gran ventaja competitiva.

Por otro lado, las transformaciones suelen generar inquietudes que van más allá de asuntos técnicos o profesionales. Las personas suelen tener una reticencia y miedo comprensible al cambio, por lo que resulta crucial tener una comunicación clara, frecuente y proactiva. No solo de arriba hacia abajo, sino una que también permita que los empleados expongan sus dudas y preocupaciones.

Las personas necesitan la tranquilidad que ofrecen los planes de continuidad, y una comunicación clara tiene un positivo efecto de contagio. Si un trabajador sabe dónde se encuentra en el proceso de cambio y cuáles son los beneficios esperados de este, podrá tranquilizar también a sus pares y así facilitar cualquier tipo de política que la organización necesite implementar.

Además de las personas y los aspectos técnicos, otro punto susceptible al cambio es la cadena de suministro. Cada parte de la cadena debe ser consciente de lo que se espera en cada escenario potencial. Por ejemplo, ¿quién será responsable de completar las declaraciones de aduanas que requiere el negocio? ¿Es preferible modificar la oferta? Es posible que muchos procesos cambien, por lo que es importante tener un plan adecuado para hacerlo sin afectar la meta de la organización, y todo plan debe incluir el punto de vista fiscal.

La función tributaria debe tener un lugar en la mesa de decisiones cuando las circunstancias cambian, y colaborar de manera continua con las demás funciones o áreas clave del negocio. Todo planeamiento estratégico debe ir de la mano con el planeamiento fiscal, incluyendo un mapeo de las zonas de riesgo para la compañía. Asimismo, se debe tener claro quién se hará responsable de cada tarea, de manera que, llegado el cambio, la toma de decisiones pueda partir de una política clara y un criterio bien establecido de gobernanza.

Si bien todos los puntos antes mencionados facilitan el proceso de adaptación al cambio, ningún plan de acción es posible sin una evaluación consciente. ¿Se tienen todas las capacidades, recursos e información para actuar ante un evento disruptivo? ¿Es posible determinar rápidamente el impacto financiero y las nuevas responsabilidades fiscales? Se necesita un enfoque proactivo que parta de una evaluación honesta del lugar en el que se encuentra la organización y las áreas que deben fortalecerse. Muchos países están revisando sus sistemas tributarios, lo cual afectará el planeamiento comercial. Por ejemplo, India, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos introdujeron el IVA en 2018.

En Perú concretamente, desde hace algún tiempo ya, se vienen implementado nuevas obligaciones de reporte y control de las operaciones comerciales de las empresas y del cumplimiento de sus obligaciones tributarias. ¿Tiene su compañía los recursos disponibles para cambiar herramientas y sistemas para poder afrontar estas transiciones? Las funciones tributarias más ágiles se caracterizan por tener herramientas y experiencias integrales de análisis de datos, la habilidad para predecir futuros escenarios, estructuras de gobierno bien arraigadas y un marco integral de riesgo fiscal.

La globalización y los rápidos avances tecnológicos nos hacen vulnerables a una serie de transformaciones, pero el mensaje clave es que nunca es muy tarde para actuar. Puede parecer tentador esperar para ver cómo se desarrollan los eventos antes de planificar y pensar en la estrategia, especialmente cuando se está inmerso en un ecosistema cambiante y una larga lista de actividades del día a día; pero este acercamiento difícilmente es el mejor. La función tributaria de hoy debe estar comprometida a predecir los desafíos y ofrecer soluciones que permitan mitigar el impacto y capitalizar las oportunidades.

 

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