¿Dónde está la oficina?

Si imaginamos la representación de una oficina hace un siglo, probablemente pensemos en una máquina de escribir, un cubículo o un rascacielos. Con la aparición de Internet estas cosas quedaron casi obsoletas, pero no nos habíamos dado cuenta de esta evolución hasta que la pandemia obligó a las personas a trabajar desde casa.

Hoy en día, la imagen mental de una oficina puede incluir una laptop o un smartphone, pero más allá de eso, no hay límites. La disrupción de los últimos dos años ha demostrado que el concepto de la oficina física de 9-5 es anticuado. Las habilidades, no los horarios y la proximidad, serán las que determinen quién trabaja desde dónde. En lugar de hacer un viaje diario, la gente elegirá dónde trabajar, una nueva forma de trabajar a la que podemos llamar “oficina en ningún sitio” (Nowhere). ¿Por qué ese nombre? En parte porque nos encontramos en el “aquí y ahora”, entre fases del trabajo, todo se mueve rápidamente. No estamos ni cerca de donde estábamos en la vida laboral anterior y es poco probable que volvamos a ella.

Los detalles del trabajo híbrido aún no están claros y seguirán cambiando, pero ya es la nueva normalidad. Según una encuesta realizada en Estados Unidos, el 87% tenía la intención de seguir trabajando al menos un día a la semana desde casa después de que se levantaran las restricciones del COVID-19. A nivel global, los trabajadores del mundo querían trabajar desde casa mucho más después de la pandemia de lo que se les permitía antes de 2020. La expectativa actual es que entre el 40 y el 60% de las horas de trabajo se pasen en las oficinas del empleador o del cliente, y el resto se pase trabajando desde casa. Las empresas que obligan a los trabajadores a volver a la oficina a tiempo completo están experimentando un rechazo.

Entre los años 2007 y 2020, se establecieron las raíces más reconocibles del escenario laboral actual: Internet y el smartphone hicieron que el trabajo fuera totalmente móvil. Los cambios culturales surgieron con la entrada de los millennials y la generación Z al campo laboral, trayendo consigo no solo habilidades nativas digitales y expectativas de libertad, sino también valores en torno al propósito que desafiaron la cultura de estar siempre conectado, en favor de la atención y el significado. La conmoción causada por la inmovilización de marzo de 2020 y las posteriores experiencias deberían servir de enseñanza para los líderes y directivos de no dar nada por sentado.

¿Cuáles son entonces las prioridades? He aquí tres cambios clave a los que hay que prestar atención y adaptarse en los próximos años:

Cómo y por qué serán más importantes que dónde y cuándo

El cambio más importante es la actitud en torno a la presencialidad, que durante demasiado tiempo significaba presentarse porque sí en el horario de otra persona y no por una razón intencionada. Ahora se entiende y se reconoce que la tecnología ha redefinido la relación entre el lugar de trabajo y el tiempo que toma llegar a él. En lugar de desplazarse durante media hora diaria y costear el alza de precios en gasolina, los trabajadores encontrarán mucho más atractivo acudir cuando sea importante y quedarse en casa cuando no lo sea.

Cuando la gente se reúne físicamente, puede ser en un espacio de coworking, y lo más importante serán dos aspectos fundamentales: la interacción social y el aprendizaje. Llegar a un escritorio para mandar emails o chatear en Slack tendrá mucho menos sentido cuando se puede hacer eso en cualquier lugar. Los líderes que hacen del espacio de oficina se parezcan más a una universidad, donde la gente puede aprender y conversar, empezarán a crear una cultura más fuerte que cualquier ladrillo y cemento.

La oficina del Nowhere es un lugar positivo donde el propósito y el significado impulsarán la productividad. Esto requiere una mejor gestión, pero también más confianza.

La «etapa vital» de un empleado se convertirá en la nueva forma de identificar a las personas

La etapa vital del personal en el trabajo se convertirá en algo mucho más importante que cualquier otra cosa. Se puede dividir en tres identidades: el aprendiz, el que se va y el líder. Si eres aprendiz, un joven graduado, por ejemplo, estar físicamente en una oficina puede importar considerablemente tanto en términos de capital social como de comodidad: es más difícil hacer el trabajo en casa si compartes un espacio con otros o tienes mala banda ancha. Los beneficios de aprender de los demás a menudo sólo pueden provenir de las experiencias recogidas en una oficina.

Con la predicción de que hasta la mitad de la fuerza laboral estadounidense será freelance en 2030, existe un nuevo grupo que entrará y saldrá de las oficinas. No necesitan un lugar fijo a tiempo completo, sino un lugar donde reunirse de vez en cuando. Y luego están los líderes, que tienen que escuchar y aprender más, e imponer menos las anticuadas técnicas de seguimiento y evaluación basadas en algoritmos. Será clave diseñar modelos y lugares de trabajo que se adapten a la etapa vital de sus trabajadores.

La salud social es el nuevo bienestar

Antes de la pandemia se hacía mucho hincapié en el bienestar. Pero ahora podemos ver que parte de la resistencia a volver a la oficina era que el propio mundo del trabajo no estaba bien. Antes de la pandemia, la OMS calificó el estrés como la epidemia sanitaria del siglo XXI y calculó que estaba costando a las empresas estadounidenses 300.000 millones de dólares al año en pérdida de productividad.

La salud es tanto física como mental, pero también es social. La salud social se puede definir como el estado de conexión de una organización y su personal, principalmente los flujos de conocimiento a través de las redes. La creación de redes debe considerarse como parte de una estrategia de salud social que fomente la confianza y el capital social, así como la salud física y mental que cualquier empresa promueve como algo natural.

Cuanto más sanas sean las redes, mayor será el rendimiento y la cohesión social. Sin embargo, la salud social también depende del tiempo, y la gente quiere tener la capacidad de decidir cómo gastarlo. Esta es una de las principales razones de la oposición a las políticas de regreso a la oficina. Control del tiempo, de las relaciones, las redes, y buenas comunicaciones: esto es salud social.

En la oficina de Nowhere, esto va a ser más importante que los adornos visuales del bienestar, que proliferaban antes de la pandemia: esas bolsas de frijoles y cápsulas para dormir, por ejemplo. Con estos cambios la oficina pasará a ser un lugar fresco y nuevo, tan metafórico como físico.

Artículos publicados en Strategy+Business no representan necesariamente las opiniones de las firmas miembro de la red PwC. Revisiones y menciones de publicaciones, productos o servicios no constituyen auspicio ni recomendación de compra. Adaptación del texto original en inglés publicado por S+B gestionado por PwC Perú.

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