Incendios en la Amazonía: ¿cómo afectan a las compañías?

 

Los incendios en la Amazonía han registrado un crecimiento preocupante este año. El llamado “pulmón del planeta”, responsable de producir la quinta parte del oxígeno mundial, lleva un par de semanas en llamas, afectando no solo a Brasil, sino a otros países de la región como Colombia, Perú y Bolivia. Debido al importante rol que cumple esta área del planeta, la preocupación ha sido global, y diferentes líderes han manifestado su intención de colaborar en la resolución del problema.

Si bien es cierto que los incendios no son inusuales por esta época en Brasil, la cantidad registrada ha superado el promedio de los últimos años. El Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil ha detectado más de 76.620 focos en lo que va del 2019, casi el doble de lo registrado en el mismo periodo el año anterior (41.400). Durante la cumbre del G7, los líderes de las principales potencias mundiales anunciaron la intención de colaborar con 18 millones de euros, destinados para apagar los incendios en la zona.

Probablemente el impacto causado por esta situación ya sea irreversible, y las consecuencias se sentirán no solo en el aspecto ambiental. Debido a que el nivel de deforestación llegaría a un 25%, acuerdos comerciales, como el de la Unión Europea y Mercosur, podrían estar en peligro. Países como Alemania y Noruega congelaron los fondos dirigidos a la conservación de la Amazonía e incluso una serie de marcas de ropa a nivel mundial han suspendido la compra de cuero brasileño por políticas ambientales de las empresas.

Incendios en la Amazonía: ¿cómo afectan a las compañías?

Pero, ¿cuál es el papel del sector empresarial en este problema y cómo se puede colaborar? Con un compromiso serio de responsabilidad ambiental, incluyendo objetivos de sostenibilidad dentro de su estrategia de negocio. Uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es la vida del ecosistema terrestre, referido a la preservación de los bosques en todo el planeta. Según la institución, el 30.7% de la superficie terrestre está cubierta por bosques, y su protección ayudará a fortalecer la gestión de los recursos naturales y la mejora en la productividad de la tierra.

Teniendo en cuenta que la mayoría de sectores industriales utilizan grandes cantidades de recursos naturales para producir sus bienes, es vital que las formas de ejecutar el negocio sean replanteadas y partan de una idea sostenible en el tiempo, idealmente cumpliendo con los ODS y reduciendo lo máximo su huella ambiental.

La eficiencia de los recursos es un primer paso para poder aportar a la preservación de los bosques y así colaborar con la lucha ante el cambio climático. No obstante, el trabajo no debería quedar ahí. Las empresas deben interesarse más en lo que pasa con sus productos una vez son utilizados. Esto no solo los beneficiaría con una potencial mejora de la cadena de producción y reducción de costos, sino mejoraría la imagen de la marca frente a unos consumidores cada día más exigentes.

¿Por qué incluir objetivos sostenibles en la estrategia de negocio?

Un gran sector de organizaciones y empresas aún no ha invertido lo necesario en los ODS, a pesar que los beneficios son sustanciales: se estima que una apuesta seria podría significar hasta US$12 billones en nuevas oportunidades de mercado para las empresas.

Por otro lado, el impacto ambiental es un elemento que hoy en día tanto clientes como inversionistas toman en cuenta al momento de valorar a las organizaciones, o incluso a toda una industria, por ejemplo, la minera. El cliente de hoy no elige empresas que solo cubran sus necesidades, sino buscan que también compartan sus valores. Según el estudio Mine 2019 de PwC, si bien los resultados financieros de las 40 mineras más importantes a nivel mundial han sido positivos, existen todavía preocupaciones por la falta de iniciativas serias para reducir “la huella minera” en las zonas de explotación.

Finalmente, no debemos perder de vista que esta es una preocupación sumamente relevante, debido a que las consecuencias no serían solo regionales sino globales. Un estudio de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS), publicado en 2018, estima que la perdida de la Amazonía podría llegar a costar US$3.5 billones en un lapso de 30 años. Es decir, la responsabilidad de replantear modelos de negocio por unos más sostenibles debe ser compartida por todas las industrias y exigida por los consumidores.

 

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