La cuarta revolución industrial: ¿qué impacto tiene en los negocios?

 

Todos recordamos haber estudiado las revoluciones industriales en el colegio. Algunos más que otros, por supuesto, pero la gran mayoría recordará que se trató de una transformación importante, no solo para las empresas, sino también para la sociedad en general.

La primera revolución industrial estuvo relacionada con el carbón, el agua y las máquinas de vapor, que permitían la manufactura de distintos bienes y productos, como los textiles. El impacto social fue enorme: la gente migró a las ciudades para conseguir empleo en grandes fábricas, muchas veces en malas condiciones y con salarios muy bajos.

La segunda llegó acompañada de la electricidad, la posibilidad de masificar la producción y, posteriormente, el automóvil. Esta ola fue marcada por el uso del acero y, eventualmente, el petróleo; elementos que permitieron que el progreso la primera revolución atravesara fronteras. La tercera, por último, fue impulsada por las computadoras. Desde 1950 en adelante, los sistemas digitales y ordenadores facilitaron nuevas formas de procesar y compartir información. Los transistores, microprocesadores, robots y automatización-por no mencionar Internet y la masificación de las comunicaciones-le abrirían la puerta al escalón final: la globalización.

La cuarta revolución, conocida como Industria 4.0, es una de sistemas ciber-físicos. Es decir, la fusión de capacidades del humano y la máquina. Es la era de la inteligencia artificial, la manipulación genética, biométrica, energía renovable, impresiones 3D, vehículos autónomos y el Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés).

La diferencia con las tres revoluciones anteriores es que, en lugar de usar la tecnología, esta se empieza a volver parte de nuestras vidas – y cuerpos-. Algunos consideran que solo se trata de una extensión de la tercera revolución industrial, sin embargo, la rapidez y drasticidad del cambio se distingue de la adopción inicial de la computadora.

Ventajas y desventajas

Esta cuarta revolución preocupa a un gran sector de la población. La velocidad de innovación es exponencial, y los seres humanos, acostumbrados a la progresión lineal de la vida, no pueden entenderla con facilidad. Parece que fue ayer que luchábamos por mantener nuestros Tamagotchis “con vida”, y hoy los robots están (aunque no realmente) llevándose nuestros empleos. Sin duda es un gran salto.

No obstante, este cambio solo refleja nuestros deseos y necesidades. De llevarse correctamente, la cuarta revolución puede entregarnos ciudades inteligentes donde se reduzca la pobreza y se mejore el estándar de vida, con fuentes de energía renovables, protección ambiental, procesos gubernamentales más inclusivos, cohesión y colaboración social y hasta hacernos más saludables.

Por supuesto, así como hay grandes beneficios en cuanto a conexión de personas, eficiencia de negocios y la capacidad de gobernar; también hay algunos riesgos. El profesor Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, argumenta que los cambios de poder originados por el uso de sistemas que combinan humano-tecnología, pueden originar desigualdad, en cuanto a quién se beneficia de esa tecnología, inseguridad-ya que todo estará conectado-, y retos relacionados a identidad, privacidad y comunidad-lo local versus lo global-.

¿Qué quiere decir esto para los negocios?

Es demasiado pronto para decir cómo se producirá todo este cambio a largo plazo, pero en el corto es probable que se reduzcan los costos: bienes, servicios, transporte, comunicaciones, etc. Los negocios serán más inteligentes y más efectivos, y la economía se beneficiará. Solo en el área de inteligencia artificial, PwC predice un impulso a la economía mundial de $15.7 billones para el 2030. [estudio aquí]

Para las organizaciones, esto significa un aumento en la velocidad de la transformación. Las cadenas de valor tradicionales, ya amenazadas, continuarán enfrentando una reorganización. Las empresas deberán ser ágiles e innovadoras, y capaces de pivotar rápidamente. Se necesitará un fuerte sentido de la visión empresarial para evaluar las oportunidades y desafíos a medida que fluyen. La capacidad de capitalizar los datos o jugar en la plataforma en la que se encuentren permitirá que las empresas se adapten antes de verse perturbadas. Esto, por supuesto, es incluso antes de considerar los cambios que continuarán siendo provocados por los propios consumidores.

Es comprensible que los ejecutivos se sientan abrumados cuando se preguntan cómo dirigir sus organizaciones a través de tales turbulencias. Con el trabajo estratégico para alinear la tecnología con la visión, la planificación anticipada para el cambio inevitable y la capacidad de recuperación para protegerse contra lo inesperado, las empresas podrán llegar a la cima.

[Adaptado de Digital Pulse]

 

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